La Ley de Prevención de Riesgos Laborales está en proceso de revisión para adaptarse mejor a cómo se trabaja hoy y reforzar la aplicación práctica de la PRL. Tras más de treinta años en vigor, la experiencia ha ido mostrando dificultades en su aplicación y que no siempre lo que exige la norma se traduce en una prevención efectiva en el día a día de las empresas.
A esto se suman cambios importantes en la forma de trabajar y de organizar el trabajo. La digitalización, el envejecimiento de la población trabajadora, el trabajo a distancia, la externalización de actividades o el impacto del cambio climático están modificando los riesgos y las condiciones en las que aparecen. Son escenarios que, en muchos casos, no encajan bien con un modelo preventivo pensado para otra realidad.
El objetivo de fondo es que la prevención tenga más peso real en la organización del trabajo y contribuya de forma más eficaz a reducir la siniestralidad laboral.
¿En qué punto está ahora la reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales?
La modificación de la Ley se encuentra en fase de consulta pública. El plazo para enviar propuestas y comentarios está abierto desde el 9 de enero y finaliza el 23 de enero de 2026, a través del portal de participación pública del Ministerio de Trabajo y Economía Social.
¿Por qué una reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales?
Uno de los principales motivos es que la siniestralidad laboral sigue siendo elevada. Esto pone de relieve que el cumplimiento formal de las obligaciones en prevención no siempre se traducen en una protección efectiva de la salud y la seguridad de las personas trabajadoras.
Además, han ido ganando peso riesgos que no estaban tan presentes o que no se han integrado bien en la práctica. Entre ellos se encuentran los riesgos psicosociales —incluidas situaciones de violencia y acoso en el trabajo—, los derivados del trabajo a distancia, las dificultades para garantizar la desconexión digital o los efectos del cambio climático, a los que se suman los problemas asociados a la intensificación de los ritmos de trabajo.
Los avances tecnológicos han abierto nuevas posibilidades para mejorar la seguridad y la salud, pero también han introducido riesgos importantes relacionados con la aparición de nuevas herramientas y procesos, una mayor disponibilidad y cambios en los tiempos y lugares de trabajo que dificultan delimitar responsabilidades.
A todo ello se añade el cambio demográfico. El envejecimiento de la población activa obliga a adaptar tareas, entornos y exigencias a capacidades diversas, algo que el modelo tradicional no siempre ha abordado de forma suficiente. Como ocurre con la perspectiva de género, que sigue estando poco integrada en la identificación y gestión de los riesgos laborales y que la reforma pretende abordar de forma más explícita.
Qué pretende mejorar la reforma de la LPRL y cómo afecta a las empresas
La reforma de la LPRL y del Reglamento de los Servicios de Prevención intenta corregir una situación bastante habitual y es que la prevención existe, pero no siempre forma parte de las decisiones reales sobre cómo se organiza el trabajo.
En la práctica, esto se traduce en evaluaciones, planes o procedimientos que cumplen con lo exigido, pero que luego tienen poco peso cuando se decide cómo repartir tiempos, cargas de trabajo, recursos o cómo se diseñan las tareas. Esta desconexión se nota especialmente en las pequeñas y medianas empresas, donde aplicar la PRL puede resultar más difícil.
La reforma también pone el foco en cómo se organiza la prevención y en el papel de los servicios de prevención. La idea no es solo revisar obligaciones, sino aclarar responsabilidades, reforzar el funcionamiento de estos servicios y revisar la formación y las condiciones en las que trabajan las personas que desarrollan funciones preventivas, tanto dentro de la empresa como desde servicios externos.
En el fondo, lo que se busca es que la prevención tenga más presencia en el día a día, que no se quede en el papel y que cada parte implicada sepa mejor qué le corresponde y con qué medios cuenta para hacerlo.
Sin embargo, el cambio normativo por sí solo no garantiza una mejora automática de la prevención. La reforma puede ayudar a crear un marco más adecuado, pero su efectividad real seguirá dependiendo de cómo se aplique en las empresas y de cómo se traduzca en decisiones y prácticas concretas.
Este debate conecta con una reflexión más amplia sobre el momento que vive la prevención y sobre por qué 2026 puede ser un punto de inflexión. Lo desarrollamos con más detalle en Hacia una PRL compartida: lo que 2026 nos está pidiendo.




