La tecnología cambia los riesgos, y la prevención tiene que cambiar con ellos. Las baterías de litio están cada vez más presentes en el trabajo y eso obliga a revisar cómo se está gestionando este riesgo en la empresa.
A esa realidad se suma una novedad en el plano técnico. La ISO 3941:2026 incorpora una referencia específica para incendios provocados por baterías de litio, algo relevante porque este tipo de fuegos no se comporta como los incendios tradicionales.
Lo importante, a partir de ahí, es conocer bien los riesgos, detectar señales de alerta y revisar medidas preventivas y de actuación acordes con este tipo de baterías.
Dónde están presentes las baterías de litio y qué riesgos presentan
En el entorno laboral, las baterías de litio forman parte habitual de:
- Herramientas eléctricas
- Equipos y dispositivos portátiles
- Vehículos y sistemas de movilidad
- Sistemas de almacenamiento de energía
Con el uso creciente de estos equipos, también ganan peso algunos riesgos que conviene tener presentes, especialmente los relacionados con:
- Golpes o daños físicos en la batería
- Sobrecargas de energía
- Exposición a fuentes de calor o altas temperaturas
- Una gestión incorrecta durante la carga, el almacenamiento o la retirada de baterías deterioradas
Por qué las baterías de litio requieren atención preventiva
El problema no es solo que una batería pueda incendiarse. Es que, cuando falla, puede hacerlo de una forma especialmente rápida y difícil de controlar. Una batería de litio dañada o inestable puede entrar en una reacción térmica descontrolada o thermal runaway, liberando gran cantidad de energía, gases inflamables y calor, e incluso reactivarse después de haber sido aparentemente extinguida.
Ese comportamiento hace que no estemos ante un incendio convencional. Por eso, la presencia de baterías de litio no debería verse como un detalle menor dentro de la evaluación de riesgos, sino como una cuestión que puede condicionar la prevención, la emergencia y la formación en muchos entornos de trabajo.
Además, el riesgo no aparece solo cuando hay llamas. También puede empezar antes, con daños alteraciones o señales previas que, si no se detectan a tiempo, pueden acabar derivando en problemas más graves. Entre sus posibles consecuencias están el incendio, la emisión de gases, las quemaduras, la proyección de fragmentos, los daños a equipos cercanos y la reactivación del fuego incluso después de una primera intervención.
En determinados entornos, además, el problema no es solo la batería, sino lo que tiene alrededor. La presencia de material combustible, zonas cerradas, puntos de carga improvisados o acumulación de equipos en el mismo espacio puede agravar mucho las consecuencias.
Señales de alerta que conviene identificar
En muchos casos, evitar que el problema vaya a más depende más de detectar a tiempo una anomalía que de saber actuar cuando el fuego ya ha comenzado. Por eso es importante no pasar por alto esas señales previas. El sobrecalentamiento, la deformación, los daños tras una caída o golpe, la emisión de humo, el olor extraño o la aparición de fugas son indicios de que algo no va bien.
Una batería hinchada, deformada, golpeada, muy caliente, con fuga o con olor anormal no debería seguir utilizándose ni cargándose. Tampoco debería volver a ponerse en servicio una batería que haya sufrido un daño importante sin una revisión previa. EU-OSHA advierte de que las baterías dañadas pueden generar riesgos de incendio, explosión y liberación de sustancias peligrosas.
Consejos útiles para prevenir riesgos con baterías de litio
Estas son algunas de las medidas más importantes para reducir el riesgo en el uso diario de estas baterías.
Usar baterías, cargadores y equipos adecuados
La primera recomendación es básica, pero sigue siendo clave. Utilizar baterías, cargadores y equipos adecuados al uso previsto y seguir las indicaciones del fabricante para uso, carga, almacenamiento y mantenimiento. Muchas incidencias empiezan precisamente cuando se usan cargadores incompatibles, baterías de origen dudoso o soluciones improvisadas.
Revisar cómo y dónde se cargan
También conviene revisar cómo y dónde se cargan estos equipos. No es buena idea concentrar puntos de carga en zonas de paso, cerca de materiales combustibles o en espacios mal ventilados. La carga debería hacerse en zonas ordenadas, identificadas y con unos criterios mínimos de control.
Almacenar las baterías de forma segura
Para almacenar de forma segura las baterías de litio en el lugar de trabajo, lo principal es evitar que se calienten o sufran golpes que puedan desencadenar un incendio. Deben guardarse en un espacio fresco, seco y bien ventilado, alejado del sol directo y de cualquier material combustible.
Cuando se manejan volúmenes grandes, se recomienda utilizar armarios ignífugos o contenedores específicos, y mantener las baterías con una carga media (aproximadamente entre 30 % y 50 %) en lugar de cargarlas al máximo, reduciendo así la energía acumulada en caso de incidente.
Además, es fundamental evitar la acumulación y separar claramente las baterías nuevas de las usadas o defectuosas, señalizando correctamente la zona para evitar sorpresas al personal.
Qué hacer con las baterías dañadas o fuera de uso
Las baterías dañadas, defectuosas o al final de su vida útil no deberían seguir utilizándose ni quedar almacenadas sin control. Conviene definir cómo se retiran de uso, dónde se aíslan de forma temporal y cómo se entregan para su gestión posterior.
En la fase de tratamiento o reciclaje especializado, estas baterías pasan por procesos que exigen medidas de seguridad muy específicas. Primero es necesario descargarlas por completo y desmontar sus carcasas con mucho cuidado. Una vez obtenidas las celdas desnudas, se someten a trituradoras especiales —normalmente en un entorno sin oxígeno para evitar incidentes— hasta convertirlas en un polvo oscuro conocido como «masa negra». Finalmente, este polvo se trata con baños químicos de ácidos muy potentes para separar los metales valiosos, como el litio o el cobalto, dejándolos listos para fabricar baterías nuevas.
Este proceso implica riesgos importantes si no se aplican las medidas de protección adecuadas. Al inicio, existe peligro de descargas eléctricas o arcos al manipular la energía residual. Durante el triturado, el principal riesgo es un incendio o explosión si la batería reacciona, con la liberación de gases muy tóxicos. En la etapa final, se corre riesgo de quemaduras químicas o de inhalación de vapores peligrosos al trabajar con los ácidos, por lo que siempre deben emplearse los equipos de protección individual y sistemas de ventilación adecuados.
Formar a las personas trabajadoras
La formación también marca diferencias. Las personas trabajadoras que usan, cargan, supervisan o almacenan equipos con baterías de litio deberían saber reconocer las señales de alerta, entender que estos incendios pueden comportarse de forma distinta y tener claro cuándo deben dejar de intervenir y limitarse a avisar, aislar y evacuar.
Qué conviene prever ante un incendio
En este tipo de riesgo la actuación y los medios dependen del tamaño de la batería, del equipo afectado y del momento en el que se detecta el incidente.
En dispositivos pequeños, diversos documentos técnicos europeos indican que el agua o los agentes a base de agua pueden utilizarse para enfriar la batería y limitar la propagación del incidente. Estudios de la Comisión Europea y materiales divulgativos de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo señalan que la refrigeración es una medida clave para reducir el riesgo de propagación térmica en baterías de ion litio. En este contexto, los medios de extinción portátiles pueden ser útiles en incidentes que afectan a dispositivos individuales, principalmente para contener el fuego inicial y ganar tiempo mientras se aplican otras medidas de seguridad.
Por eso, en oficinas y centros de trabajo con equipos recargables, es razonable revisar si la dotación de medios contra incendios y la organización de las zonas de carga están realmente alineadas con ese riesgo. En determinados casos, y siempre dentro de la evaluación de riesgos y del plan de emergencia, puede valorarse la presencia de extintores de agua o base agua cerca de esas zonas, junto con formación específica sobre cuándo y cómo intervenir.
Cuándo la prioridad es aislar, evacuar y avisar
En cambio, cuando se trata de baterías grandes, equipos dañados o incendios ya desarrollados, la prioridad es dar la alarma, evacuar, aislar la zona y activar a emergencias. Las guías técnicas insisten en el riesgo de reignición y en la complejidad de estos fuegos cuando el tamaño o el daño ya superan una fase inicial segura.
Tampoco conviene quedarse solo con la lógica habitual del fuego eléctrico. Un extintor de CO₂ o de polvo puede ser útil en determinados conatos o riesgos asociados, pero no sustituye la necesidad de enfriar la batería ni elimina por sí solo el riesgo de reignición. Por eso, la elección de medios debe ajustarse al tipo de batería, al entorno y al escenario previsto.
Humo y gases tóxicos, un riesgo que no debe pasarse por alto
Cuando una batería de litio arde, el humo no es el típico de materiales como la madera o el cartón. Puede empezar como un vapor blanco o gris y convertirse en una mezcla tóxica, corrosiva e inflamable.
Los principales gases liberados durante un embalamiento térmico son:
- Fluoruro de hidrógeno (HF), muy corrosivo y capaz de provocar quemaduras graves y daños pulmonares.
- Monóxido de carbono (CO), incoloro e inodoro, que bloquea el oxígeno y causa asfixia.
- Hidrógeno (H₂) y gases derivados del petróleo, que son inflamables y explosivos en espacios cerrados.
- Dióxido de carbono (CO₂) y compuestos orgánicos volátiles (COVs), que desplazan el oxígeno y aumentan la toxicidad del ambiente.
En prevención de riesgos laborales, la prioridad es desalojar la zona inmediatamente. No se debe intentar apagar el fuego sin equipos de respiración autónoma (ERAs), ya que las mascarillas normales o FFP3 no protegen frente a estos vapores.
Qué conviene revisar en la empresa
En la práctica, hay varios puntos que merece la pena revisar:
- La evaluación de riesgos, para identificar dónde están estas baterías y en qué condiciones se usan.
- Los planes de emergencia, para definir cómo actuar si se produce un incendio o una liberación de humo y gases peligrosos.
- Y la formación, para que las personas trabajadoras sepan reconocer señales de alerta y reaccionar ante este riesgo en entornos como mantenimiento, logística, talleres, instalaciones industriales, centros de datos o flotas de movilidad eléctrica.
También conviene revisar los puntos de carga. Una parte importante de los problemas se produce precisamente durante la carga, sobre todo cuando se utilizan cargadores no compatibles, se prolonga la carga durante muchas horas o se cargan baterías dañadas. En muchas empresas, además, este riesgo no afecta solo a herramientas, patinetes o equipos de movilidad, sino también a dispositivos de uso diario como teléfonos móviles, portátiles u otros equipos recargables.
Como indicamos al inicio de este artículo, en el plano técnico, la ISO 3941:2026 supone una referencia relevante porque reconoce de forma específica el comportamiento de los incendios con baterías de ion litio. Y aunque la ley no te obligue a aplicarla punto por punto, si ocurre una desgracia, una inspección o un juez no buscará si cumplías la ISO, pero sí te preguntará: «¿Aplicaste las mejores medidas preventivas conocidas para este riesgo tan específico?».
En definitiva, no esperes a que el problema aparezca, revisa si este riesgo ya está bien integrado en la evaluación, en la organización del trabajo y en la respuesta ante emergencias.




