La modernización de la PRL ha reabierto una conversación importante en el sector. No todos los días se plantea revisar el marco que regula la prevención en España. El acuerdo, que se firmó el 10 de febrero, plantea modificar la Ley 31/1995, el Reglamento de los Servicios de Prevención y determinados aspectos del Estatuto de los Trabajadores relacionados con la seguridad y salud laboral.
El texto fija un compromiso de reforma y señala los ámbitos sobre los que se quiere actuar. Entre ellos aparecen la perspectiva de género, la edad y diversidad generacional, los riesgos psicosociales, el cambio climático, las nuevas formas de organización del trabajo, el trabajo a distancia, la desconexión digital, la coordinación de actividades empresariales, la protección de las personas trabajadoras autónomas en situaciones de concurrencia y la actualización de la regulación aplicable a los servicios de prevención.
A partir de ahí, conviene mirar qué incluye realmente el acuerdo, qué cuestiones sitúa en el centro y qué lectura deja para quienes trabajamos cada día en prevención.
Qué contempla el acuerdo para modernizar la PRL
El texto firmado parte de una idea clara. El sistema preventivo español necesita adaptarse mejor a un entorno laboral muy distinto al de hace treinta años. El propio acuerdo vincula la reforma a fenómenos que ya forman parte del día a día de muchas empresas, como la transformación digital, el envejecimiento de las plantillas, la diversidad generacional, los riesgos psicosociales y la exposición a fenómenos asociados al cambio climático.
Entre sus líneas de desarrollo más relevantes figura la modificación del Reglamento de los Servicios de Prevención, una pieza central del sistema. Esa revisión afecta a cuestiones de estructura, organización de recursos preventivos, funcionamiento de los servicios de prevención y capacitación para el desempeño de funciones preventivas. El acuerdo también recoge la actualización e incremento de la formación exigible para los niveles básico, intermedio y superior, así como la adaptación terminológica de las referencias a ergonomía y psicosociología aplicada tras su separación.
Otro de los puntos que más atención ha generado es el compromiso de aprobar un reglamento específico sobre protección frente a los riesgos psicosociales. A ello se suma la previsión de otro reglamento sobre protección de la seguridad y salud frente al cambio climático. El acuerdo incluye además la actualización del Real Decreto 171/2004 sobre coordinación de actividades empresariales y de la Orden TIN/2504/2010, vinculada a la acreditación de entidades especializadas, memorias de actividades preventivas y autorización para auditorías del sistema preventivo.
Qué refleja este acuerdo sobre la prevención actual
La modernización de la PRL no se entiende solo desde el plano normativo. También remite a la realidad del trabajo. La prevención lleva tiempo desenvolviéndose en un escenario más complejo, con mayor presión organizativa en muchos entornos, plantillas más diversas, incorporación rápida de personas a puestos exigentes y una presencia cada vez más visible de factores psicosociales, climáticos y tecnológicos.
Una siniestralidad que sigue marcando el contexto
A eso se suma una realidad que sigue siendo imposible de normalizar. Según el avance de 2025 publicado por el INSST, en España se registraron 584 fallecimientos en jornada de trabajo y 151 accidentes mortales in itinere, con un total de 735 muertes relacionadas con el trabajo. Hablar de modernización de la PRL también obliga a mirar de frente esa siniestralidad y a preguntarse hasta qué punto la prevención está consiguiendo llegar a tiempo allí donde el riesgo se genera de verdad.
La integración real de la prevención sigue siendo el reto
Ahí está una de las claves de fondo. En muchas empresas existe prevención de riesgos laborales, pero eso no siempre significa que la prevención esté realmente integrada en la forma de trabajar. Puede haber evaluación, planificación, información y documentación, y aun así seguir fallando la intervención en el momento decisivo. La integración real de la PRL exige que las medidas se ajusten al riesgo, que puedan aplicarse antes de que el daño se materialice y que la organización del trabajo no empuje en la dirección contraria.
Eso afecta a cuestiones muy concretas. Tiene que ver con que una tarea no se diseñe al margen de las limitaciones reales de quien la ejecuta, con que un cambio de ritmo, de turno o de proceso no deje a la prevención fuera de juego, con que la coordinación entre empresas no sea solo documental y con que la formación sirva para trabajar con seguridad y no solo para acreditar que se ha impartido. También tiene que ver con que el ritmo de producción no termine imponiéndose sobre decisiones de seguridad que deberían ser innegociables.
Qué puede suponer para servicios de prevención y para las empresas
El acuerdo está en que señala con más claridad hacia dónde puede desplazarse el foco regulatorio en los próximos años. No solo hacia riesgos ya conocidos, sino hacia una prevención más atenta a cómo se organiza el trabajo, cómo se coordina la actividad y cómo se adapta la protección a plantillas y contextos cada vez más heterogéneos.
También es relevante que parte de la reforma apunte directamente a la estructura técnica de la prevención. La revisión del Reglamento de los Servicios de Prevención, la actualización de la formación exigible y la modificación de la normativa sobre acreditación y actividad de entidades especializadas afectan de forma directa a la práctica profesional y al funcionamiento del sistema.
Para las empresas, el acuerdo también refuerza una idea de fondo que ya está en la base de la PRL. La prevención no se agota en el cumplimiento formal, sino que exige capacidad para integrar las medidas preventivas en la organización del trabajo, en la planificación, en la coordinación y en la toma de decisiones del día a día.
En los entornos con concurrencia empresarial, la actualización de la coordinación de actividades empresariales también merece atención. La coordinación sigue siendo uno de los puntos donde más claramente se pone a prueba la capacidad del sistema para trasladar la prevención al trabajo real y para evitar que la fragmentación organizativa diluya responsabilidades o debilite el control del riesgo.
Una modernización que tendrá que parecerse al trabajo que pretende proteger
El trabajo ha cambiado y la seguridad y salud laboral necesita parecerse más al trabajo que pretende proteger. Necesita intervenir antes de que el daño ocurra, ajustar las medidas a los riesgos reales y ganar capacidad para influir en decisiones organizativas que muchas veces son las que terminan definiendo la exposición efectiva.
El valor real de esta modernización no se medirá solo en el texto que llegue a aprobarse. Se medirá en su capacidad para acercar la prevención a las condiciones concretas en las que se trabaja y para reforzar una integración que no sea meramente formal, sino útil para proteger de verdad la salud de las personas trabajadoras.




