Tener el certificado genera confianza entre los consumidores, demuestra compromiso con la seguridad alimentaria y facilita el crecimiento del negocio. Es valorado por clientes, plataformas online, ferias y autoridades. No solo evita sanciones, sino que mejora la imagen profesional del vendedor o del proyecto gastronómico.
¿Quién debe interpretar y concretar estas obligaciones ante la falta de detalle normativo?
Las autoridades nacionales y las propias empresas, aplicando de forma proactiva las directrices europeas y organismos especializados en SST.



