Te despiertas y no es la luz del sol lo primero que ves, sino la pantalla del móvil.
Sin darte cuenta, has empezado otro día en línea antes incluso de salir de la cama. Revisas notificaciones, contestas un mensaje, te atrapa un correo urgente. A lo largo de la jornada irás encadenando herramientas, chats, alertas, videollamadas. A veces sin pausas, casi siempre sin desconexión real. Termina el día… pero la mente sigue encendida. Esa sensación de estar siempre disponibles pero nunca descansado, de vivir con la atención fragmentada y el cuerpo agotado, tiene un nombre: tecnoestrés.
Pero… ¿Qué es el tecnoestrés?
El tecnoestrés es una forma de malestar psicológico derivada del uso intensivo —y muchas veces sin control— de la tecnología en el entorno laboral.
No se trata solo de estar conectados. Se trata de sentir:
- Que siempre queda algo pendiente: un correo más, una notificación más, un mensaje por si acaso.
- Presión constante de responder al momento, sin margen para pausar o priorizar.
- Ansiedad por no estar al día con herramientas o cambios tecnológicos constantes.
- Que estás atrapado en tareas poco significativas, pero urgentes.
- Que no puedes desconectar, incluso cuando ya no estás frente a una pantalla.
Y lo más preocupante es que no es un problema individual, sino estructural: afecta a miles de personas y organizaciones.
Según el Informe de Desconexión Digital de Infojobs (julio 2024), dos de cada tres personas trabajadoras en España no logran desconectar al terminar su jornada, y más de la mitad sigue pendiente del trabajo incluso durante sus vacaciones.
Las consecuencias son visibles: fatiga crónica, ansiedad, insomnio, bajo rendimiento y dificultad para concentrarse. Y ya impacta directamente en la salud laboral, con un aumento de bajas por ansiedad o depresión donde la sobrecarga digital aparece como un factor clave.
Una cuestión legal. Y urgente
El derecho a la desconexión digital está recogido por ley. La normativa actual prohíbe contactar a a los empleados fuera del horario laboral, salvo en situaciones de urgencia justificadas, y la Inspección de Trabajo puede sancionar a quien incumpla esta norma. No se trata solo de una cuestión de conciliación: es una obligación legal con consecuencias económicas y reputacionales reales.
¿Por qué estamos tan expuestos al tecnoestrés?
Porque hemos pasado de un entorno en el que la tecnología ayudaba al trabajo, a otro donde lo invade todo.
Vivimos en un contexto de hiperconectividad sin jerarquía ni pausas: emails, alertas, plataformas colaborativas, apps internas, reuniones virtuales… todo activo, todo el tiempo. Esta sobrecarga de información desborda nuestra capacidad de atención, nos fragmenta cognitivamente y nos mantiene en un estado de “alerta baja” permanente, donde siempre sentimos que algo se nos escapa o que aún no hemos llegado.
Además, la falta de formación específica en el uso eficaz de estas herramientas nos hace caer en un bucle de reactividad: no priorizamos, no pausamos, y confundimos disponibilidad con productividad.
5 acciones concretas para prevenir el tecnoestrés en tu empresa
El tecnoestrés es cada vez más habitual en los entornos laborales. Muchas veces se percibe claramente —sabemos que está ahí— pero no resulta fácil abordarlo. Se convierte en algo difuso, siempre urgente pero postergado, que se acumula hasta desbordar.
Aquí te damos algunas acciones muy concretas que puedes poner en marcha desde mañana mismo:
1. Establece una “frontera digital” real:
Uno de los pasos más eficaces y visibles es marcar un límite claro entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal. Por ejemplo, implementar un mensaje automático para correos recibidos fuera del horario laboral, algo tan simple como: “Este correo ha sido recibido fuera del horario laboral. Será atendido en el próximo día hábil”.
También es clave definir y comunicar un protocolo de urgencias, para que no haya dudas sobre cuándo y cómo es legítimo contactar fuera de horario. Y sobre todo, formar a responsables y mandos intermedios para que lideren con el ejemplo: que no generen presión implícita enviando mensajes a deshora, aunque sea con buena intención.
Una cultura digital saludable empieza por respetar los tiempos. Sin eso, ningún otro cambio tiene base firme.
2. Pauta pausas visuales y posturales:
La exposición prolongada a pantallas no solo fatiga la vista, sino también la mente y el cuerpo. Aplicar una pauta sencilla como la regla 20-20-20 —cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a un punto a unos seis metros de distancia— puede aliviar significativamente la tensión ocular acumulada.
Si además se acompaña de una breve pausa para estirarse, cambiar de postura o caminar unos pasos, se reduce la rigidez física y se activa la atención de nuevo
3. Mide la carga digital:
La sobrecarga digital no siempre es evidente hasta que se traduce en síntomas como fatiga, desmotivación o rotación. Sin embargo, los entornos digitales dejan huella, y esa información puede convertirse en una poderosa herramienta de prevención.
Analizar cuántas interrupciones, notificaciones o correos se reciben al día, detectar los momentos de mayor actividad fuera del horario laboral o recoger de forma anónima la percepción del equipo sobre su nivel de saturación puede ofrecer datos valiosos para actuar a tiempo. A partir de ahí, es posible ajustar plazos, redistribuir tareas o identificar puntos de fricción que no siempre se ven en el día a día
4. Ofrece formación breve, útil y continua:
Formar en el uso práctico de herramientas digitales reduce la ansiedad, mejora la autonomía y crea hábitos laborales más saludables.
Cuando las personas sienten que “van sobreviviendo” entre cambios, plataformas y expectativas poco claras, aparece la tecnoinseguridad: esa sensación de no estar al día o de no saber utilizar bien lo que se espera de ellas. Aunque no se convierta en rechazo directo a la tecnología, genera ansiedad, baja autoestima laboral y sensación constante de estar por detrás.
La formación debe ser continua, breve, enfocada a lo práctico y conectada con los hábitos reales del equipo. A veces basta con empezar por una sola herramienta clave y enseñar a usarla bien. Haz la prueba: selecciona una herramienta clave y forma al equipo. Desde ahí, se empieza a recuperar la sensación de competencia, lo que reduce el estrés digital de forma inmediata
5. Cuida el ejemplo directivo:
El comportamiento de los líderes tiene un impacto directo en la cultura del equipo. Si quienes dirigen responden mensajes fuera de horario, exigen inmediatez constante o no se permiten pausas, el resto del equipo lo interpreta como norma, aunque nunca se diga explícitamente.
En cambio, cuando se programan correos para que salgan en horario, se respeta el tiempo de descanso, se hace visible la diferencia entre lo urgente y lo importante y se verbaliza que el bienestar también es una prioridad, la dinámica cambia.
Prevenir el tecnoestrés no es evitar mensajes fuera de horario o desconectarse por completo de la tecnología. Es dar nombre al problema, reconocer su impacto y tomar acciones concretas para cuidar el tiempo, la atención y la salud mental en el trabajo.
No hay recetas mágicas. Pero sí hay decisiones conscientes que, sostenidas en el tiempo, transforman la forma de trabajar. Y de vivir.
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