Una ETT contrata a una persona para trabajar como carretillero en una empresa usuaria. Antes de incorporarse, recibe la formación PRL correspondiente a ese puesto, pero un día, por necesidades de producción, su encargado le pide que deje la carretilla y ayude con la carga y descarga manual de mercancías. ¿Es suficiente la formación que ya tiene? ¿Puede empezar a realizar esas tareas sin más? La respuesta depende de los riesgos del nuevo trabajo y de si la persona dispone de la formación necesaria para afrontarlos.
La formación PRL debe adaptarse al trabajo que se va a realizar
Antes de formalizar el contrato de puesta a disposición, la empresa usuaria debe informar a la ETT de las características del puesto, las tareas, los riesgos, las medidas preventivas y la formación necesaria. Con esa información, la ETT debe asegurarse de que la persona cuenta con la formación teórica y práctica necesaria para el puesto, actualizada y adaptada a los equipos y métodos de trabajo.
Pero ¿qué ocurre si, una vez incorporada, la empresa usuaria le asigna otras funciones? No todo cambio de tarea obliga a repetir la formación. Lo importante es comprobar si las nuevas funciones implican riesgos que no estaban contemplados o requieren conocimientos y habilidades que la persona todavía no tiene. Esto puede suceder cuando empieza a utilizar otra máquina, trabaja en una zona con riesgos diferentes, realiza operaciones de mantenimiento o asume tareas para las que necesita un entrenamiento específico.
Si la formación que tiene no cubre los nuevos riesgos, deberá completarse antes de empezar ese trabajo. También habrá que comprobar si necesita información adicional, instrucciones específicas o formación práctica. En nuestro artículo sobre cuándo y cómo actualizar la formación PRL explicamos con más detalle en qué situaciones es necesario hacerlo.
Un ejemplo: de manejar una carretilla a realizar carga manual
Imaginemos que una persona contratada por una ETT para trabajar como carretillero recibe el encargo de ayudar con la carga y descarga manual de mercancías. Aunque ambas actividades se desarrollen en el mismo almacén, no tienen por qué implicar los mismos riesgos ni requerir exactamente la misma formación.
La empresa usuaria deberá comprobar si esa tarea estaba contemplada en la evaluación de riesgos y si la persona cuenta con la información y la formación necesarias para realizarla con seguridad. Por su parte, la ETT necesita conocer los cambios que afecten a la formación requerida para poder comprobar si debe completarla.
¿Quién debe actuar cuando cambian las funciones?
La empresa usuaria es responsable de las condiciones de seguridad en las que se realiza el trabajo. Por tanto, no debería asignar nuevas tareas sin comprobar previamente que la persona está preparada para realizarlas de forma segura.
La ETT, por su parte, debe garantizar que sus trabajadores cuentan con la formación PRL necesaria. Por eso, es fundamental que ambas empresas mantengan una comunicación fluida durante la puesta a disposición y que cualquier cambio relevante en las funciones, los equipos o los riesgos se comunique antes de que la persona empiece a realizar el nuevo trabajo.
En nuestro artículo sobre cómo funcionan las ETT y cuáles son sus obligaciones en PRL explicamos con más detalle las responsabilidades de cada empresa.
¿Cómo puede una ETT gestionar estos cambios?
Para evitar que una persona acabe realizando tareas para las que no está preparada, se puede establecer un procedimiento sencillo con la empresa usuaria:
- Identificar claramente el puesto y las tareas para las que se ha acreditado la formación preventiva.
- Comunicar los cambios relevantes en las funciones, los equipos o las condiciones de trabajo antes de asignar las nuevas tareas.
- Comprobar si la formación existente sigue siendo suficiente o si es necesario completarla con nuevos contenidos, información o adiestramiento práctico.
- Dejar constancia de la comprobación y de la formación adicional que se haya impartido.
También es importante poder consultar fácilmente qué formación ha realizado cada trabajador, cuándo y para qué riesgos o puestos. La documentación preventiva debe reflejar la formación necesaria para el trabajo que realmente se realiza, no limitarse a acreditar que se ha impartido un curso.
Y actualizar la formación no significa necesariamente empezar desde cero. Puede que la persona ya tenga conocimientos válidos y solo necesite completar aquellos que requiere su nuevo trabajo.
Una formación PRL adaptada a las necesidades de cada puesto
Gestionar trabajadores que se incorporan a distintas empresas y puestos exige organización, coordinación y una formación en PRL adaptada a los riesgos de cada actividad.
En Digital Preventor ayudamos a las ETT a agilizar esta gestión mediante una plataforma online que permite organizar la formación, adaptarla a las necesidades de cada puesto y consultar fácilmente qué formación ha realizado cada trabajador.
Así, las ETT pueden dedicar menos tiempo a las tareas administrativas y centrarse en lo verdaderamente importante: que cada persona cuente con la formación necesaria para el trabajo que realmente va a desempeñar, incluso cuando cambian sus funciones.
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