En 2025, las personas de 55 años o más representaban el 21,7 % de la población ocupada, frente al 15 % de 2015. Es decir, más de uno de cada cinco trabajadores tiene ya 55 años o más.
Las plantillas españolas envejecen, pero ¿estamos teniendo en cuenta la edad de los trabajadores al evaluar los riesgos, organizar las tareas o planificar la formación?
Y no hablamos únicamente de los trabajadores mayores. La falta de experiencia, los cambios en las capacidades físicas o las distintas necesidades personales pueden influir en la seguridad y la salud a lo largo de toda la vida laboral.
También debemos evitar los prejuicios relacionados con la edad. Tener una determinada edad no significa poseer unas capacidades o limitaciones concretas. Por eso, gestionar la edad desde la PRL implica conocer la realidad de la plantilla y adaptar las condiciones de trabajo a sus necesidades.
Estas son cinco herramientas para hacerlo.
1. Conocer la plantilla para anticiparse a los cambios
El primer paso es saber qué edades tienen los trabajadores, en qué puestos trabajan y cómo puede evolucionar la plantilla en los próximos años.
Para ello pueden utilizarse los mapas de edad por puestos de trabajo, que permiten conocer la distribución de edades en cada ocupación y anticipar posibles necesidades.
Por ejemplo, si una empresa sabe que buena parte de su personal de mantenimiento se jubilará próximamente, puede organizar con tiempo el relevo generacional y la transmisión de conocimientos necesarios para realizar las tareas con seguridad.
También resulta útil analizar los accidentes, incidentes, bajas laborales o participación en la formación por grupos de edad. Si aparecen diferencias, habrá que investigar sus causas, sin atribuirlas automáticamente a la edad.
Así, los datos ayudan a detectar necesidades y tomar decisiones basadas en la realidad de la empresa.
2. Incorporar la edad a la evaluación de riesgos
Los riesgos laborales no siempre afectan de la misma manera a todas las personas. Con los años pueden cambiar algunas capacidades físicas, la recuperación tras determinados esfuerzos o la sensibilidad a ciertas condiciones de trabajo. También pueden acumularse los efectos de exposiciones prolongadas.
Incorporar la perspectiva de edad a la evaluación de riesgos permite identificar posibles diferencias entre grupos de trabajadores y estudiar sus causas.
Imaginemos que en un puesto se realizan tareas que exigen un esfuerzo físico importante. ¿Afectan de la misma manera a todos los trabajadores? ¿Existen diferencias relacionadas con la edad, la experiencia, el tiempo de exposición o las condiciones en las que se realizan las tareas?
La evaluación debe ayudar a responder estas preguntas para determinar qué medidas son necesarias. Por ejemplo, introducir ayudas mecánicas, reducir determinados esfuerzos o reorganizar algunas tareas.
Y, una vez aplicadas las medidas, comprobar si funcionan.
3. Adaptar también la organización del trabajo
La manera de organizar las tareas y los horarios influye en la salud de los trabajadores. Por eso, gestionar la edad también implica revisar cómo se trabaja.
Pensemos en una persona que lleva años realizando turnos nocturnos y empieza a tener dificultades para recuperarse entre jornadas. Puede ser necesario revisar los horarios, los descansos o las posibilidades de cambiar de turno.
En otros puestos, las mejoras pueden pasar por distribuir mejor las tareas físicamente exigentes, evitar ritmos excesivos o introducir pausas adecuadas.
La conciliación también merece atención. Las necesidades personales cambian: cuidar de hijos pequeños, atender a familiares dependientes o asumir otras responsabilidades puede hacer necesarias distintas medidas de flexibilidad.
La clave es conocer las necesidades reales de los trabajadores y buscar formas de organizar el trabajo que permitan atenderlas.
4. Compartir experiencia y seguir aprendiendo
La experiencia puede ser una gran aliada de la seguridad. Quienes llevan años desempeñando una tarea han adquirido conocimientos que les ayudan a reconocer peligros, anticiparse a los problemas y reaccionar ante imprevistos.
Los programas de mentoría permiten compartir esos conocimientos prácticos que no siempre aparecen en los procedimientos escritos.
Pero el aprendizaje también puede funcionar en sentido contrario. Los trabajadores más jóvenes pueden aportar nuevas habilidades o conocimientos, por ejemplo, relacionados con determinadas herramientas digitales. Es lo que conocemos como mentoría inversa.
Además, tener experiencia no significa que ya no necesitemos aprender. Cuando cambian los equipos, los procedimientos o las tecnologías, todos los trabajadores necesitan actualizar sus conocimientos y recibir la formación PRL adecuada, independientemente de su edad.
5. Cuidar la salud a lo largo de toda la vida laboral
La vigilancia de la salud permite identificar posibles efectos del trabajo sobre la salud de las personas y obtener información útil para prevenir nuevos daños.
Analizar los resultados colectivos por grupos de edad puede ayudar a detectar problemas que afectan de manera diferente a determinados trabajadores, siempre respetando la confidencialidad de los datos individuales.
Por ejemplo, si se detecta una mayor frecuencia de determinadas molestias musculoesqueléticas en un grupo de trabajadores, será importante estudiar si están relacionadas con las tareas, los años de exposición o las condiciones del puesto, y valorar posibles mejoras.
También es importante facilitar la reincorporación después de una baja prolongada, valorar las adaptaciones que puedan ser necesarias y promover hábitos saludables a lo largo de toda la vida laboral.
¿Por dónde empezar?
El INSST dispone de un cuestionario de autoevaluación que permite revisar cómo está abordando la empresa la gestión de la edad y detectar aspectos que podrían mejorarse. Una herramienta útil para empezar a poner en práctica estas recomendaciones.
La prevención debe acompañarnos durante toda la vida laboral
Gestionar la edad no significa establecer medidas únicamente para los trabajadores que se acercan a la jubilación, ni dar por hecho que todas las personas de la misma edad necesitan lo mismo.
Significa conocer mejor a la plantilla, anticiparse a los cambios y adaptar las condiciones de trabajo para que las personas puedan desarrollar su actividad con seguridad a lo largo de toda su vida laboral.
La información y la formación PRL ayudan a comprender estas necesidades, evitar prejuicios y preparar a responsables y trabajadores para afrontar estos retos.
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Fuentes consultadas
INSST (2023). NTP 1176. Edad y diversidad generacional en la gestión de la seguridad y salud: Acciones clave.
Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat, 2026). Encuesta de Población Activa (INE). Población ocupada por grupos de edad. España, media anual de 2025.




