Cuando la imprudencia no es temeraria y estaba dentro del margen previsible por parte del empresario, especialmente si no se formó o vigiló adecuadamente al trabajador.
No es lo que dices, es cómo lo dices (y cómo haces sentir a quien lo escucha)
¿Te ha pasado? Una orden seca. Un email sin saludo. Una corrección delante de todo el equipo. Nada grave, en apariencia. Pero algo dentro se tensa, y el día ya no fluye...





