Un entorno mal gestionado puede provocar estrés crónico, ansiedad, depresión, enfermedades físicas, absentismo, presentismo, rotación de personal y pérdida de productividad.
No es lo que dices, es cómo lo dices (y cómo haces sentir a quien lo escucha)
¿Te ha pasado? Una orden seca. Un email sin saludo. Una corrección delante de todo el equipo. Nada grave, en apariencia. Pero algo dentro se tensa, y el día ya no fluye...





