La campaña de contratación de este verano se prepara para romper todos los récords. Según las previsiones publicadas por Randstad, entre los meses de junio y septiembre se firmarán en España 698.340 nuevos contratos, lo que supone un incremento del 9,4 % respecto al verano de 2024 y la cifra más alta de toda la serie histórica.
Este dato refleja una fuerte recuperación del empleo estacional, impulsada principalmente por los sectores de la logística, el turismo, la hostelería y el comercio. Pero también pone sobre la mesa dos enormes desafíos: la falta de personal cualificado y el aumento de los riesgos laborales asociados a campañas intensivas.
Un verano con mucho trabajo, pero con menos manos disponibles
Aunque la cifra de contratos impresiona, muchas empresas —especialmente en zonas turísticas o de alta actividad— tienen dificultades reales para encontrar candidatos. Solo la hostelería calcula más de 100.000 vacantes sin cubrir para esta temporada alta y el Banco de España alerta de que 4 de cada 10 compañías ya no encuentran a los perfiles que necesita.
La escasez de personal disponible, sumada al encarecimiento del alojamiento en las áreas de costa y a una mayor exigencia por parte de los trabajadores, está generando una fuerte competencia por los perfiles más buscados.
Esto provoca que los equipos actuales deban asumir cargas de trabajo cada vez más exigentes, con jornadas extensas, calor extremo y ritmos acelerados. Y en ese contexto, la prevención de riesgos laborales es la herramienta que evita que la falta de manos termine en lesiones, bajas y cierres parciales. Sin protocolos claros y formación efectiva, el récord de contratación puede transformarse en el récord de incidentes.
Más contratos, más riesgo
Las campañas de verano, por su propia naturaleza, son intensas, rápidas y exigentes. En pocos días se incorporan miles de trabajadores, muchos de ellos sin experiencia previa, para afrontar una demanda que se dispara en sectores como hostelería, comercio y logística. Este escenario concentra múltiples factores de riesgo, que pueden verse agravados si no se gestionan adecuadamente:
- Estrés térmico y golpes de calor, especialmente en actividades al aire libre, cocinas o almacenes sin climatización adecuada.
- Lesiones musculoesqueléticas, habituales en tareas repetitivas o de carga manual de mercancía.
- Errores operativos y accidentes, fruto de la fatiga acumulada, la presión por rendir y la falta de formación específica.
- Estrés laboral y agotamiento emocional, muy frecuentes en puestos de atención al cliente o en contextos de alta rotación.
Además, muchas de estas contrataciones se hacen a contrarreloj, sin tiempo suficiente para una integración adecuada ni para formar al personal en prevención básica. Y aunque se trate de empleos temporales, los riesgos son muy reales y muy inmediatos, por lo que el volumen de contratación no puede ser motivo para bajar la guardia en salud laboral. Muy al contrario, cuando la intensidad sube, la seguridad tiene que subir también.
El papel esencial de los servicios de prevención y RR. HH
Ante una campaña de verano sin precedentes, con miles de contrataciones a contrarreloj, picos de actividad y plantillas nuevas cada semana, los Servicios de Prevención Ajenos (SPA), los Servicios de Prevención Propios (SPP) y los equipos de Recursos Humanos asumen el papel más delicado de toda la campaña y una enorme responsabilidad.
Son quienes tienen que asegurarse —en muy poco tiempo— de que todo el engranaje funcione: que los nuevos empleados sepan lo que hacen, que se apliquen los protocolos, que no haya accidentes y que se pueda seguir operando con normalidad en medio de un aluvión de trabajo.
Con contrataciones masivas y ritmos acelerados, algunas prácticas se vuelven especialmente críticas:
- Formación PRL antes de la incorporación, con contenidos claros, visuales y adaptados al puesto, que aseguren que cada trabajador conoce sus tareas, los riesgos asociados y cómo prevenirlos desde el primer día.
- Protocolos frente al calor, que incluyan pausas programadas, acceso a agua, ropa laboral adecuada y vigilancia activa de síntomas.
- Turnos equilibrados, aunque el ritmo apriete, para evitar que el cansancio se convierta en un problema de salud.
- Supervisión del bienestar físico y mental, sobre todo en picos de demanda o en equipos con alta rotación.
- Un proceso de acogida bien diseñado. No vale con dar un uniforme y mandar al nuevo al turno. Hay que explicar bien el trabajo, los riesgos y las herramientas, acompañarlo al menos en sus primeras horas, y asegurarse de que entiende lo básico.
Por último, contar con canales internos de comunicación, donde cualquier trabajador pueda reportar molestias, incidencias o dudas de forma rápida, es clave. Porque en plena campaña, lo que no se comunica a tiempo, puede convertirse en un problema serio.
Adoptar estas medidas previenen accidentes, evitan la rotación prematura y mejoran el rendimiento desde el minuto uno. Es una inversión que se nota enseguida en el clima laboral y en los resultados.
Sin prevención, no hay campaña
En resumen, este verano se firmarán más contratos que nunca, pero también se trabajará más rápido, con más presión y, en muchos casos, con menos manos. En ese escenario, la prevención es lo que sostiene todo.
Y para que la prevención funcione, la formación tiene que ser clara, accesible y bien hecha. Porque un trabajador informado desde el primer día es un trabajador más seguro, más eficaz y menos expuesto. Si este verano te toca formar a muchos, en poco tiempo y con garantías, cuenta con nosotros.




