¿Te suena esa sensación de cruzar la puerta del trabajo y pasar, en un segundo, del infierno veraniego a un congelador? Mientras fuera rozamos los 35 °C, dentro muchas personas se preparan para pasar horas tiritando bajo un aire acondicionado mal regulado. Lo que debería aliviar el calor se convierte en una fuente de molestias, tensiones… e incluso problemas de salud. El bienestar térmico (o confort térmico) en el trabajo no es un detalle menor. Influye en la concentración, en la productividad y en el bienestar físico y mental del equipo.
Y lo más llamativo es que muchas de las quejas y síntomas asociados al mal uso del aire acondicionado se pueden prevenir con medidas sencillas, al alcance de cualquier organización.
A continuación, os proporcionamos una guía en cinco pasos muy sencillos —aplicables en oficinas, centros educativos, tiendas y otros espacios laborales climatizados— que pueden transformar el ambiente sin grandes inversiones.
Y sí: puede que incluso os sorprendan.
1. Ajusta la temperatura pensando en la sensación térmica
Mantener una temperatura interior entre 23 y 26 °C en verano suele funcionar bien en espacios sedentarios. Pero no lo es todo. El bienestar térmico depende también de la humedad, la radiación solar que entra por las ventanas, la ropa que se exige en el puesto o incluso si alguien está de pie o sentado todo el día.
Una regla sencilla para evitar choques térmicos: procura que la diferencia con la calle no supere los 10‑12 °C. Si hay 35 °C fuera, apunta a 25 °C en el interior. El cuerpo (y las mucosas) lo agradecen, y los catarros de verano bajan. La propia normativa de lugares de trabajo subraya evitar cambios bruscos de temperatura, y fuentes de salud pública vienen recomendando no pasar esos saltos en verano.
No pases por alto la humedad
El aire muy seco se siente más frío; el muy húmedo, pegajoso. Si puedes, mantén la humedad relativa en torno al 40‑60 %. Es el rango más cómodo, y también el más recomendable dentro de los márgenes legales: El RITE fija 45‑60 % como rango de diseño estival y el RD 486/1997 permite 30‑70 % (50‑70 % si hay riesgo de electricidad estática).
2. Dirige el flujo de aire
Tan importante como la temperatura es por dónde sale el aire. Una corriente directa sobre la nuca, la espalda o las piernas puede causar rigidez muscular, molestias respiratorias y sensación de frío excesivo aunque el termostato marque valores correctos. La legislación de lugares de trabajo pide evitar corrientes molestas; la experiencia preventiva confirma que es una queja recurrente en oficinas y espacios climatizados.
Revisa las rejillas o difusores del aire y, si es posible, oriéntalos hacia el techo o hacia zonas de paso, no hacia zonas de trabajo prolongado. Si no se pueden mover, existen deflectores (piezas simples que redirigen el flujo) o valora recolocar ligeramente el puesto afectado. Estas pequeñas correcciones reducen el conflicto “me hiela / me aso” sin tocar el termostato.
Atención a la velocidad del aire
La velocidad del aire no debería superar los 0,25 metros por segundo en puestos sedentarios. Traducido: un soplo suave es suficiente. Si alguien siente el aire en la cara o el pelo se mueve, probablemente está por encima de ese límite. Ajustar ese caudal mejora mucho el confort sin necesidad de tocar la temperatura.
3. Ventila bien: el aire limpio también refresca
Una temperatura agradable no depende solo del aire frío: también hace falta que ese aire sea limpio y renovado. Si solo se recircula el mismo ambiente durante horas, se acumula dióxido de carbono (CO₂), humedad y olores. El resultado: fatiga, dolor de cabeza, somnolencia y la sensación de que el aire, por frío que esté, pesa.
No hace falta complicarse. Con unos pocos gestos, puedes ventilar mejor casi cualquier espacio de trabajo:
- Abre ventanas enfrentadas unos minutos cada hora, si las tienes. Crear una pequeña corriente de aire cruzado marca una gran diferencia.
- En espacios cerrados o con sistemas de ventilación mecánica, pide que revisen si entra aire del exterior, no solo aire reciclado.
- Coloca un medidor de CO₂ en salas cerradas o muy ocupadas. Si supera los 900 ppm, conviene ventilar o espaciar el uso del espacio.
Y sobre todo: limpia los filtros del sistema al menos una vez por temporada. Es una de esos detalles que se notan y evitan muchos problemas. No se trata de renovar todo el sistema: basta con mantenerlo limpio y funcionando.
Ventilar bien es tan sencillo como abrir una ventana o revisar un filtro… y sus beneficios se notan en el bienestar en la salud del equipo.
4. Hidrata, adapta y escucha al cuerpo
Aunque estemos bajo techo, el calor sigue afectando. El cuerpo lucha por autorregularse y, si no lo ayudamos, aparecen fatiga, irritabilidad, dolor de cabeza o bajo rendimiento. Parte de estas molestias se confunden con “mal aire” cuando en realidad mezclan temperatura, humedad, ventilación y hábitos.
La hidratación es clave, pero no ocurre sola. Asegúrate de que haya dispensadores de agua visibles y accesibles, bien señalizados y gratuitos. Una pauta de “un vaso de agua cada hora” reduce fatiga y ayuda a compensar el aire seco de muchos sistemas.
Facilita también pausas térmicas breves —cinco minutos cada hora o cada hora y media— para moverse o salir a un espacio mejor ventilado. Esto ayuda a regular la temperatura corporal, mejora el estado de ánimo y reduce errores, especialmente en picos de calor o tareas de alta carga cognitiva.
¿Hay personas especialmente sensibles al calor?
Sí, hay quienes son más sensibles al calor y requieren especial atención: personas con medicación que altera la termorregulación, problemas cardiovasculares o respiratorios, o quienes reportan molestias recurrentes con el aire. Escuchar y adaptar (mover un puesto, limitar una corriente, ajustar un horario) forma parte del enfoque preventivo integral y sostiene el bienestar térmico en el trabajo a largo plazo.
5. Revisa, mide y mejora con esta checklist exprés
El aire acondicionado no puede ir en modo automático todo el verano. Revisa tu espacio de trabajo con una pequeña lista en mente:
- ¿El termostato está en el rango recomendado (23–26 °C)?
- ¿La humedad relativa está razonablemente en 40‑60 % (dentro del 30‑70 % permitido y del 45‑60 % de diseño estival)?
- ¿Las salidas de aire están bien orientadas y sin corrientes directas sobre las personas?
- ¿Los filtros y conductos se han limpiado esta temporada?
- ¿Hay forma de ventilar el espacio de forma regular?
- ¿El nivel de CO₂ se mantiene habitualmente por debajo de 900 ppm cuando el espacio está ocupado? Si sube, ventila.
- ¿El equipo tiene acceso fácil a agua y puede hacer pausas breves?
Cada “no” en la lista es un foco de incomodidad, un riesgo térmico o un margen de mejora. Lo bueno es que la mayoría de estas correcciones son asequibles y rápidas. Y cada ajuste que hagas suma al bienestar de tu equipo.
El bienestar térmico forma parte de la Salud y Seguridad en el Trabajo (SST)
El bienestar —o confort— térmico influye directamente en la concentración, el rendimiento, el estado físico y mental, y en riesgos indirectos como errores, fatiga, dolencias musculares o conflictos. Por eso, es un factor clave dentro de la SST.
La normativa también lo respalda: el RITE establece condiciones para garantizar el confort térmico, y el RD 486/1997 exige que el ambiente no genere riesgos ni incomodidad. Las guías técnicas del INSST, por su parte, vinculan de forma directa la calidad del aire con síntomas frecuentes en los espacios de trabajo.
Es un aspecto fácil de pasar por alto porque no siempre se ve… pero sí se sufre. Tenerlo en cuenta ayuda a prevenir malestar, conflictos, bajas innecesarias y pérdidas de productividad. Y, además, envía un mensaje claro: aquí se cuida de las personas.
Así que si este contenido sirve para revisar un protocolo, actualizar una charla o simplemente proponer una pequeña mejora… el objetivo está cumplido.
Fuentes consultadas:
Real Decreto 1027/2007, de 20 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE).
Real Decreto 486/1997, de 14 de abril, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo.
INSST (Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo). Varios documentos técnicos sobre ambiente térmico y calidad del aire: Identificación de riesgos y molestias por el ambiente térmico, Calidad del aire interior en oficinas, Calidad del ambiente interior en el trabajo y Guía técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relativos a la utilización de los lugares de trabajo (desarrollo del RD 486/1997).




