Cuando hablamos de accidentes laborales relacionados con el calor, pensamos en golpes de calor o desmayos. Pero los riesgos térmicos van mucho más allá de los síntomas visibles. Lo que muchas veces pasa desapercibido es que el calor disminuye la concentración, agota antes, retrasa los reflejos y multiplica los errores. Y todo eso, en el entorno laboral, puede derivar en accidentes graves.
Durante los meses más calurosos se incrementan los accidentes laborales, especialmente aquellos que dependen de la atención, la coordinación o el uso de herramientas y maquinaria, como caídas, cortes o atrapamientos. Aunque el calor no siempre figura como causa directa en los partes de accidente, actúa como un factor silencioso que aumenta la probabilidad de error.
Los datos lo confirman:
- Según el INSST, los accidentes laborales aumentan un 17 % durante las olas de calor en España.
- Según la OIT, el calor extremo contribuye a más de 22 millones de lesiones laborales y cerca de 19 000 muertes cada año. Además, más del 70 % de la fuerza laboral mundial está expuesta al calor al menos una vez al año.
- En solo dos décadas, el número de trabajadores expuestos a olas de calor ha aumentado un 66 %. En 2020, 231 millones de personas trabajaron en condiciones térmicas extremas.
Por eso, la formación es una herramienta clave. Si las personas no conocen estos efectos ni saben cómo detectarlos o actuar, no pueden protegerse. La prevención no empieza con un ventilador o una botella de agua: empieza cuando un equipo sabe cuándo parar, cómo adaptarse y por qué hacerlo.
En este contexto, las empresas tenemos un papel decisivo. Formar, sensibilizar y capacitar salva vidas. Y es ahí donde más impacto podemos generar.
¿Qué tipo de accidentes laborales aumentan con el calor?
Los accidentes que dependen de la precisión, la atención y la coordinación son más susceptibles de aumentar cuando suben las temperaturas. Aunque no contamos con una estadística desglosada que vincule cada tipo de accidente directamente con el calor, el calor afecta a funciones cognitivas y físicas clave, lo que puede contribuir a que se produzcan:
- Caídas por pérdida de estabilidad o concentración.
- Cortes y atrapamientos por falta de coordinación o reflejos.
- Errores de cálculo y descuido que en otras circunstancias no ocurrirían.
- Fallos al manejar maquinaria o vehículos por fatiga acumulada.
El calor no tiene por qué ser la causa directa, pero sí es un factor de riesgo que multiplica la probabilidad de cometer errores.
¿Por qué el calor aumenta el riesgo de sufrir un accidente?
Para mantener la temperatura interna estable, el cuerpo desvía recursos: sudoración, vasodilatación, pérdida de líquidos… Eso implica menos energía para pensar y ejecutar con precisión. La deshidratación, además, baja la presión arterial y provoca:
- Fatiga
- Mareos leves, visión borrosa, somnolencia
- Tiempos de reacción más lentos
- Peor capacidad de concentración
Todo esto sucede antes de que aparezcan síntomas graves. Es decir, el trabajador puede “sentirse bien” y aun así estar más expuesto.
El calor también perjudica la calidad del sueño y los ritmos de descanso. Esto agrava aún más la fatiga acumulada y aumenta el riesgo de errores durante la jornada laboral, incluso desde primeras horas de la mañana.
¿Qué sectores profesionales son más vulnerables al calor?
Aunque puede darse en cualquier entorno, hay sectores donde el riesgo aumenta especialmente porque se cruzan tres factores: temperaturas elevadas, esfuerzo físico prolongado y tareas que requieren atención o precisión. Por ejemplo:
- Construcción: los trabajadores visten EPIs calurosos y trabajan a la intemperie o a temperaturas severas, muchas veces en altura o sobre superficies que irradian calor. En estas condiciones, cualquier pérdida de concentración o coordinación puede convertirse en un accidente.
- Agricultura, jardinería o limpieza urbana: la exposición directa al sol convierten la jornada en una prueba de resistencia física. El calor merma fuerzas y lucidez incluso antes de que el cuerpo se dé cuenta.
- Logística y transporte: muchas tareas se realizan en espacios cerrados sin climatizar, como almacenes o cabinas de vehículos que alcanzan fácilmente los 40 °C. El esfuerzo al cargar o mover mercancías se vuelve más exigente y el cansancio aparece antes.
- Hostelería y cocina: combinan calor, humedad, estrés, turnos largos y poco descanso, lo que también pone al límite la capacidad de mantener la atención y ejecutar tareas de forma segura.
- Industria (manufactura, metalurgia, química, etc.): en muchas plantas no hay refrigeración adecuada, y los procesos industriales generan calor adicional. Trabajos en cadenas de producción, hornos o maquinaria pesada requieren concentración constante, y el calor puede ser un enemigo invisible pero presente.
En todos estos sectores, el calor no siempre es evidente, pero su efecto acumulativo reduce la capacidad de actuar con seguridad, incluso desde el inicio de la jornada.
Según la Guía de prevención de riesgos laborales por exposición al calor de la Comunidad de Madrid (mayo 2023), entre 2018 y 2022 se notificaron 66 accidentes laborales por calor en Madrid, de los cuales el 70 % ocurrieron en construcción, y dentro de los accidentes codificados como “temperaturas, luz y radiación”, el 42 % correspondieron a exposición a calor o insolación.
¿Cómo podemos prevenir estos riesgos?
La prevención no se resuelve solo adaptando el entorno físico —con agua, sombra o climatización—: la prevención real comienza cuando entendemos el calor como un riesgo laboral y formamos a las personas para anticiparse y actuar.
Algunas acciones clave:
- Detectar cuándo el calor se convierte en un riesgo real: observar las condiciones del entorno, medir la temperatura y la humedad, y valorar si el esfuerzo físico o la carga térmica hacen necesario adaptar la jornada.
- Adaptar horarios y ritmos de trabajo para evitar la exposición durante las horas más críticas.
- Garantizar pausas en zonas frescas y con acceso real a agua potable.
- Formar al personal no solo en la identificación de síntomas tempranos, sino también en los riesgos que implica trabajar con calor: cómo afecta a la concentración, a la fuerza física, a la seguridad en el manejo de herramientas o maquinaria, y cómo anticiparse a esas situaciones.
- Capacitar a supervisores y mandos para que entiendan cómo afecta el calor al rendimiento, aprendan a interpretar señales de fatiga térmica, a intervenir a tiempo, a adaptar dinámicas de trabajo y a normalizar pausas y ajustes como una medida de seguridad.
La OIT recomienda incluir la gestión del calor en los programas de formación y salud laboral, especialmente en sectores de alta exposición.
El calor no siempre lanza señales de alerta. Su efecto es progresivo y puede deteriorar la atención y la energía sin darnos cuenta. Por eso, entender estos riesgos y saber explicarlos es tan importante como disponer de medios físicos para combatirlos.
En Digital Preventor diseñamos formaciones específicas sobre trabajo con calor, adaptadas a los entornos reales de cada sector. No solo enseñamos a reconocer síntomas, sino a entender cómo el calor afecta al rendimiento, a la seguridad y a la toma de decisiones.
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