Cuando se habla de trabajar bajo el sol, la atención suele centrarse en las altas temperaturas y el estrés térmico. Sin embargo, también debe considerarse la exposición a la radiación ultravioleta procedente del sol —radiación UV solar—. Es un riesgo diferente: no se percibe como el calor y puede seguir siendo relevante en un día fresco, nublado o con viento, sin provocar molestias inmediatas. Sus efectos se acumulan y pueden causar daños en la piel y los ojos, incluido el cáncer de piel.
Aunque algunas medidas frente al estrés térmico y la radiación UV puedan complementarse, ambos riesgos deben valorarse de manera específica.
Un riesgo laboral que exige mayor atención
Según estimaciones conjuntas de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo, en 2019 alrededor de 1.600 millones de personas en edad de trabajar estuvieron expuestas laboralmente a radiación UV solar. Ese mismo año se atribuyeron a esta exposición 18.960 muertes por cáncer de piel no melanoma en 183 países.
El informe Cáncer de piel no melanoma: exposición solar y salud laboral identifica la falta de integración de la exposición solar en las evaluaciones de riesgos como una de las principales carencias preventivas actuales. Cuando el riesgo no se identifica ni se evalúa, resulta difícil incorporarlo a la planificación y las medidas pueden quedar reducidas a actuaciones puntuales, como facilitar crema solar o recomendar el uso de una gorra.
Evaluar la exposición permite pasar de una recomendación general de protección solar a decisiones concretas sobre las tareas, los horarios, la sombra y las protecciones necesarias. En este análisis, el índice UV es una herramienta útil para organizar y planificar el trabajo, siempre que se interprete junto con las condiciones reales de la exposición.
Identificar las tareas realmente expuestas a radiación UV
Aunque la exposición resulta evidente en la agricultura, la construcción, la pesca o la jardinería, también puede aparecer en trabajos de mantenimiento, reparto, limpieza, vigilancia, logística o supervisión que se desarrollan parcialmente en el exterior.
Lo importante es identificar las tareas que se realizan bajo el sol de manera habitual o razonablemente previsible. Para ello, es preciso conocer cuándo se llevan a cabo, con qué frecuencia y cuánto tiempo se permanece realmente al aire libre.
Consultar a las personas que realizan el trabajo ayuda a no dejar fuera exposiciones que, aunque no definan el puesto, forman parte normal de su actividad.
El Reglamento de los Servicios de Prevención establece que la evaluación debe partir de la organización, las características y la complejidad reales del trabajo. También indica que debe tenerse en cuenta la información aportada por las personas trabajadoras.
Utilizar el índice UV para valorar la exposición
Para conocer la intensidad ambiental de la radiación UV el INSST recomienda utilizar el índice ultravioleta o UVI, conocido habitualmente como índice UV, cuya predicción publica AEMET a diario.
El UVI aporta una referencia ambiental, pero la exposición real también depende de las condiciones concretas del trabajo. Deben considerarse la duración y el horario de la tarea, la altitud, la orientación y la postura de la persona, las zonas del cuerpo que permanecen descubiertas y las medidas de protección disponibles.
También depende de las características del entorno. La presencia de agua, nieve, arena o superficies claras pueden reflejar parte de la radiación y aumentar la que reciben la piel y los ojos. La sombra debe valorarse por su eficacia real y tener en cuenta que cambia a lo largo de la jornada y no elimina por completo la radiación dispersa o reflejada por el entorno.
Por último, debe contemplarse la posible presencia de personas especialmente sensibles. La valoración de las circunstancias médicas corresponde al personal sanitario de vigilancia de la salud, que trasladará únicamente las conclusiones preventivas necesarias, respetando la intimidad y la confidencialidad.
¿Cómo se interpreta el índice UV?
AEMET publica la predicción del UVI máximo diario en condiciones de cielo despejado. Este dato representa el valor más alto previsto, no un nivel que se mantenga durante toda la jornada. Habitualmente, la mayor intensidad se concentra en las horas próximas al mediodía solar.
AEMET clasifica el UVI como bajo entre 0 y 2, moderado entre 3 y 5, alto entre 6 y 7, muy alto entre 8 y 10 y extremo a partir de 11.
A partir de un UVI de 3, la OMS recomienda adoptar medidas de protección. Con valores entre 3 y 7, buscar sombra durante las horas centrales, cubrir la piel, proteger la cabeza y los ojos y aplicar crema solar en las zonas que no puedan cubrirse.
Cuando el UVI alcanza valores de 8 o superiores, evitar o reducir, siempre que sea posible, la exposición durante el periodo central del día y reforzar todas las medidas disponibles.
Estos valores ayudan a orientar la actuación, pero no funcionan como límites laborales. Un UVI de 3 no separa automáticamente una exposición aceptable de otra inaceptable. Del mismo modo, un valor entre 0 y 2 indica una intensidad baja, pero no permite descartar el riesgo sin considerar la duración de la tarea, las superficies reflectantes o la posible especial sensibilidad de la persona.
La utilidad preventiva del índice está en relacionarlo con el trabajo previsto. El ya mencionado informe Cáncer de piel no melanoma: exposición solar y salud laboral propone incorporarlo como una herramienta más en la organización y planificación: ante un UVI alto o muy alto, puede valorarse si una inspección, una limpieza o una operación de mantenimiento pueden trasladarse a un momento de menor radiación.
¿Cómo consultarlo en el día a día?
Llevar este control a la práctica es tan sencillo como mirar el móvil antes de empezar la jornada. Herramientas populares y gratuitas como la aplicación Eltiempo.es o weather24 muestran de forma clara el índice UV estimado para cada hora del día.
Aplicar medidas para reducir la exposición
Cuando la evaluación indique que es necesario actuar, la prioridad es reducir la exposición. Este orden responde a los principios de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales: evitar y combatir el riesgo en su origen y anteponer la protección colectiva a la individual.
En la práctica, lo primero será valorar si pueden reorganizarse los horarios, trasladar las tareas a periodos con menor UVI, evitar esperas innecesarias al sol o habilitar zonas de sombra que protejan realmente durante el trabajo.
Cuando estas medidas no sean suficientes, la protección deberá completarse según lo que determine la evaluación. El INSST recomienda ropa holgada y transpirable que cubra la mayor parte del cuerpo, protección para la cabeza, las orejas y el cuello, gafas adecuadas y crema con FPS 30 o superior en las zonas de piel que no puedan cubrirse.
La crema solar debe entenderse como un complemento, no como la principal medida ni como una forma de prolongar la exposición. La OMS da prioridad a la sombra y a la ropa y recomienda aplicar protector de amplio espectro en la piel que no pueda quedar cubierta.
La planificación debe dejar estas decisiones preparadas, no depender de que alguien improvise cuando el UVI sea elevado. Debe quedar claro quién consulta la previsión, quién puede reorganizar las tareas, qué medidas se aplicarán y cómo se comprobará su eficacia. La Ley exige que las actividades preventivas planificadas tengan un plazo, responsables y recursos, y que se realice un seguimiento de su ejecución.
Formación, vigilancia de la salud y revisión
Las personas expuestas necesitan información y formación suficiente para comprender cuándo aumenta el riesgo, cómo deben utilizar las medidas previstas y a quién comunicar que una protección no resulta viable o eficaz.
La empresa también debe garantizar una vigilancia periódica de la salud en función de los riesgos inherentes al trabajo. Su contenido corresponde al personal sanitario competente y debe respetar la confidencialidad. La organización recibirá las conclusiones preventivas necesarias, no la información médica personal.
El INSST recomienda revisar el cumplimiento de las medidas, la formación impartida y las posibles lesiones, además de consultar a la plantilla para detectar puntos de mejora. La evaluación deberá revisarse cuando cambien las condiciones o existan daños o indicios de que las medidas son insuficientes.
El UVI es una referencia útil, pero por sí solo no evalúa la exposición. El paso importante es relacionarlo con el trabajo real: las tareas que se realizan al aire libre, su duración y horario, las condiciones del entorno y las medidas disponibles.
A partir de ahí, la prevención consiste en reducir la exposición siempre que sea posible, proteger adecuadamente a las personas y comprobar que las medidas funcionan en la práctica.
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Fuentes consultadas:
- Fundación MÁS QUE IDEAS. (2026). Cáncer de piel no melanoma: exposición solar y salud laboral. Protección de la salud de las personas expuestas al sol en su trabajo. Informe, abril de 2026.
- Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. Radiación UV. Empresas y personas trabajadoras.
- Organización Mundial de la Salud y Organización Internacional del Trabajo. Trabajar bajo el sol causa una de cada tres muertes por cáncer de piel no melanomatoso. 2023.
- Agencia Estatal de Meteorología. Interpretación: Radiación Ultravioleta (UVI).




