El deber es casi ilimitado, pero se detiene ante la imprudencia temeraria exclusiva e imprevisible si el empresario cumplió todas sus obligaciones preventivas.
¿Por qué seguimos cayendo en ciberestafas aunque sepamos que existen?
A estas alturas casi todos sabemos que no deberíamos abrir enlaces sospechosos, facilitar contraseñas o hacer una transferencia porque alguien nos la pida con urgencia....





